martes, 9 de diciembre de 2008

Boots!


Me he comprado unas botas nuevas super canadienses. Tienen un montón de borrego y para Madrid serían algo estrafalarias pero aquí son de lo más discreto. Las botas torontas que más se usan son una especie de botas de apreski, las de montaña o unas botas anchas que parecen pantuflas llevadas hasta la rodilla y hacen ruido porque obligan a arrastrarse. Me ha costado dos días de búsqueda porque no quería ponerme esa cosa enorme. Pero caminar sobre la nieve con los pies a 10 grados bajo cero no era otra opción. Son waterproof que es lo que Jeremy o Lindsay dicen que compre. He salido con ellas puestas de la tienda par volver caminando a casa. Estaba tan contenta que he corrido por los pasos de cebra sin necesidad. Son tan calientes que he vuelto con los pies estofados, qué ganas tenía de quitármelas.

A medio camino he encontrado uno de esos huecos que se abren en el suelo por la ciudad, sobre todo en el centro. Aparecen de repente escaleras a un lado de la acera y una no puede evitar curiosear. Lo de la ciudad subterránea era cierto. Debajo de los rascacielos tienen centros comerciales y pasillos que comunican los edificios, y he ido a salir a mi calle de milagro porque es fácil perderse dentro. Dentro los torontos van muy deprisa y se chocan unos con otros, no llevan el mismo ritmo los que están de compras que los que van a trabajar. Lo mejor de todo es que si el camino a casa es largo, pues te sientas en uno de los sofás que hay en medio de los pasillos.

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