domingo, 7 de diciembre de 2008

necesito botas nuevas

Hace un día de esos en que los perros falderos vuelan como no les sujetes con la correa. Hasta los chihuahuas tienen mejor abrigo que yo. Los torontinos sin corazón dejan a los perrillos con el rabo entre las piernas y las patas temblando esperando a la puerta de los supermercados. Es una raza demasiado ridícula para el clima canadiense. Es un día windy, la sensación de frío hace que baje la temperatura unos ocho grados con respecto a lo que marca el termómetro. Me gusta que pongan los grados como los europeos. Ayer nevaba para todos lados. Hoy la nieve estaba helada, necesito un par de botas ya.

Domingo de compras. Me he dado cuenta del frío que hacía en el coche con el vaho de la respiración. Lo bueno de la globalización es poder permitirme comprar muebles de usar y tirar en este país igual que en Madrid. Ikea me ha dado un zapatero, una papelera, estanterías y pantuflas nuevas. Aquí miden el maletero para saber si los muebles cogen. Tienen esos coches con culo hueco. Pero después de un fallo de cálculo Jeremy se ha desolado porque su estantería nueva no entraba “fuck, no way!” y pensaba en volver a dejar los muebles en la tienda. Menos mal que tenía cerca de una europea experta en mudanzas y oh! de repente ha descubierto cómo se abaten los asientos, qué felicidad, qué mundo nuevo para Jeremy en su coche. El frío no nos dejaba ni aguantar los trastos para cargarlos en el coche. Nos hemos turnado los tres para que uno tuviese las manos en los bolsillos y recuperara sensibilidad en los dedos.

El tráfico es aún peor que en Madrid. Los streetcars (tranvías) avanzan a 30 por hora y van por el medio de la calle. Tampoco se les puede adelantar por la derecha porque es el lado por donde se apean los viajeros. Y no saben lo que son las vías de circunvalación. Hemos tardado 25 min en recorrer 15km en domingo. Nos hemos vuelto sin el Christmas tree.



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