martes, 2 de diciembre de 2008

tengo roommate. i'm at home

El primer día que llegué al hostel eran casi las 5 de la mañana en Madrid y yo llevaba casi 23 horas despierta como un zombie. El hostel se llama Backpackers y hay un tío que es más o menos el dueño o el que lleva el establecimiento que es raro de cojones, se llama Michael. Hay gente de todas partes, dos de Quebec, con un acento que me da la risa; dos chicos de Francia, alemanes, hay uno que es un cachondo, australianas, un escocés, un caribeño y una mexicana muy preocupada por el dinero. Al parecer para ella esto es bastante caro y tiene habitación gratis porque limpia el hostel, los baños, habitaciones, comidas. Lleva un mes aquí y creo que Michael abusa de su inocencia. Me dice la pobre que no voy a encontrar sitio barato y que me llevará varios meses,lleva tanto en el hostel que ya no le resulta incómodo y se mueve tan poco que en tres días ya tengo más vocabulario. 

Llevo toda la semana buscando piso como loca. Ha sido como tener un trabajo durante 10 horas al día. Levantarse, desayunar cada vez con una nacionalidad distinta y me sentaba delante del ordenador a mirar habitaciones por la ciudad. Enviando mails o llamando directamente (con mi ingl'es de mierda, tengo unos huevos...). Qué mal lo he pasado cuando me daban el nombre de la calle, vete tu a saber cómo demonios se escribe. Un par de veces pedía que deletrearan pero no me sé el abecedario tan rápido, aquí el deletreo es deporte nacional con esa manía de no pronunciar tal cual escriben. Es difícil entender hasta el número de la calle. Plan de visitas, a cual peor o mejor y vuelta entre medias al hostel para ver m'as anuncios. Y decidir rápido, ser más rápido que el resto. Me han quitado un par de buenas habitaciones por tardar más de 5 horas en responder.  

El primer día me quería morir. Eran todos guarrérrimos, con esa moqueta infecta, esa costra de caca en las cocinas y esa manía de tener animales en casa... agg. Y yo pensando en mi casa de Madrid "si me mi madre cómo tengo la cocina ya está torciendo esa nariz de valenciana". Pues comparado con lo que veía  soy la más limpia de las mujeres.

Fue mejorando al dia siguiente. La última casa que vi ese día era de una mujer en sus 50. En el anuncio no lo ponía y la verdad, cuando la vi abrir la puerta me corté. No era exactamente lo que buscaba. Se llama Julie. "Ay, que no te esperabas una mujer de mi edad". Pero sonreía mucho y eso se agradece. Estuvimos hablando mucho rato. La casa estaba impoluta. Tenía un teclado y una guitarra, "es que yo cantaba en un grupo cuando tenía tu edad". Me enseñó una foto molona de su grupo. Así que estuvimos hablando bastante de la vida y de la gente y de Toronto, y que si no me quedaba con ella hiciera el favor de pasarme a tomar un café. Le encanta la zona donde vive, que hay muchos gays y son muy divertidos, por lo visto el novio de su vecino viene a verla de vez en cuando. Me preguntó si era hetero como ella, no no, tengo novia, viene a New York en unas semanas. Utilizó una palabra: straight, o sea, que si soy correcta, o derecha. Vaya caca de expresión. Pues claro que soy derecha, ¡coño! 

Después vi otro que estaba mejor de precio, unos 600$ con todo incluido. Pero habían convertido el salón en habitación. Como en mi última casa. 

El jueves estuve en tres, el de la mañana sucio, el de la tarde de encanto. Una típica casita con jardincillo y bicis a la entrada. La habitación era muy bonita, tenía hasta tele propia. Me la enseño Chad, el hermano del dueño, Tyson. Le dije que me quería quedar pero había otra chica que lo había visto el lunes y por lo que intuí después debía de ser una brasileira despampanante. Si no venía la chica era para mí pero debía esperar un día más. El último piso por ver ese día estaba en King street. Me abrió la puerta una rubia de bote con cara de ángel, Lindsay. Esa historia empieza más abajo. Hasta el momento sólo quería la habitación que tenía tele. Volví a llamar el viernes y a mandar un mail a Tyson con mi foto, porque yo sólo conocí a su hermano. Y por la tarde again ya en plan pesada: por favor, que estoy muy interesada, si quieres me paso para que me conozcas y tomes una decisión. Debí de darle pena "pásate sobre las 5:30 y nos tomamos un café". Mi sorpresa fue encontrar a Chad, Tyson y un colega esperándome para ir a cenar fuera. 

Así que me vi cenando con tres jugadores de hockey (si si, de esos que se pegan en la tele), grandotes y treintañeros, que me invitaron a cenar y yo con mis cuatro palabras de inglés pero muy maja, oiga. Mientras cenábamos llamó la tiposa brasileira y se acabó mi oportunidad. Así que volví cabizbaja al hostel, hasta los cojones de buscar piso. Me quedaba la opción de Lindsay y Jeremy, tan majos ellos y tan cara la habitación. Andaban un poco desesperaetes porque se iban a comer el alquiler de diciembre solitos. Llamé para ver si podía quedarme un mes y matábamos dos pájaros de un tiro, yo salgo del hostel y tengo menos agobio para buscar piso. Ellos idem. Me lo he tomado como un curso de inglés, son ambos canadienses, hablan rápido y eso me va a obligar a estar muy atenta, me han presentado ya a un colega. Me dieron un abrazo antes de salir de casa, todos aliviados al menos un mes. Jeremy se gana la vida vendiendo queso digital. Sí, sí, digital cheese. Eso para el proximo episodio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario